Héroes del Revellín recrea distintos aspectos de la vida militar y cortesana de la primera mitad del siglo XVI, con especial atención al reinado de Carlos I y a las tropas vinculadas a la Casa de Austria. Nuestra indumentaria, armamento y actividades de recreación histórica se inspiran en la documentación disponible sobre las tropas de la época y buscan acercar al público la forma de vida, la organización y las costumbres de aquellos hombres y mujeres.
La historia de estas unidades tiene sus antecedentes en las guardias que protegían a los monarcas desde la Edad Media y alcanza uno de sus momentos fundamentales con la creación de la Guardia de Alabarderos por Fernando el Católico en 1504.
Los antecedentes de las guardias reales
Desde la Edad Media, los monarcas contaron con grupos de hombres encargados de su protección y servicio. Entre ellos destacan los Monteros de Espinosa, tradicionalmente vinculados a la custodia de los reyes de Castilla.
Durante el reinado de los Reyes Católicos también existieron diferentes cuerpos destinados a la protección y servicio de la Corona. Entre ellos se encontraban las Guardias Viejas de Castilla y los llamados Cien Continos.

La Guardia de Alabarderos de 1504
En 1504, Fernando el Católico creó la Guardia de Alabarderos, una guardia destinada a la protección de su persona. Para organizarla contó con Gonzalo de Ayora, militar y cronista al que se encomendó también la instrucción de los nuevos guardias.
La nueva guardia estaba armada principalmente con alabardas, picas, espadas y otras armas propias de la época. La alabarda se convirtió en uno de sus elementos más característicos y pasó a formar parte de la imagen tradicional de los guardias reales.

La Guardia Española y la Guardia Amarilla
La Guardia de Alabarderos estuvo estrechamente vinculada al servicio de la Corona y posteriormente fue conocida como Guardia Española. Durante el reinado de Carlos I también recibió la denominación de Guardia Amarilla, relacionada con el color característico de su indumentaria.
Junto a esta guardia existieron otras unidades destinadas al servicio cercano de los monarcas. Entre ellas destacaron los Archeros de Borgoña o de la Cuchilla, vinculados a la tradición militar borgoñona, y la llamada Guardia de la Lancilla.
La variedad de estas unidades refleja la complejidad de la Monarquía Hispánica y la diversidad de tropas que formaban parte del entorno de la Corona durante los siglos XVI y XVII.

Las tropas de la Casa de Austria
Con la llegada de Carlos I, las tropas vinculadas a la Casa Real mantuvieron diferentes unidades destinadas a la protección y servicio del monarca.
Durante esta época destacaron especialmente la Guardia Española de Alabarderos, la Guardia Alemana o Tudesca y los Archeros de Borgoña. Estas unidades acompañaban al monarca en diferentes circunstancias y formaban parte del complejo sistema de tropas y servidores de la Casa Real.
La época de Carlos I resulta especialmente importante para nuestra asociación. Es el periodo histórico en el que se desarrollan los acontecimientos que recreamos en torno al Sitio de Logroño de 1521 y a la defensa de la ciudad.

La Guardia en tiempos de Carlos I
Carlos I heredó una tradición militar y cortesana en la que las guardias reales tenían una doble función: proteger a la persona del monarca y representar la autoridad de la Corona.
Las tropas vinculadas a la Casa Real estaban presentes en desplazamientos, ceremonias y actos públicos, y algunas de ellas también acompañaban al monarca durante sus campañas.
La variedad de procedencias, funciones, armamento e indumentaria de estas unidades refleja la complejidad de la Monarquía Hispánica durante el siglo XVI.
Es precisamente este contexto histórico el que sirve de referencia para la recreación que realiza Héroes del Revellín.

La evolución de la Guardia Amarilla
La Guardia Amarilla fue una tropa escogida y perfectamente instruida, que adquirió pronto gran prestigio y reputación. Sus miembros disfrutaban de importantes preeminencias y de sueldos superiores a los de otras unidades del ejército.
Durante el reinado de Felipe II, la guardia real estaba organizada en tres secciones o compañías, cuyos miembros eran seleccionados entre personas consideradas aptas para el servicio y con buenas condiciones personales. Aunque las tres compañías utilizaban diferentes armas, permanecían bajo las órdenes e inspección de un mismo capitán.
Estas tres compañías se mantuvieron hasta el reinado de Felipe V. El 6 de mayo de 1707, Felipe V las reorganizó y refundió en una sola compañía, que adoptó la denominación de Alabarderos.
Esta evolución forma parte de la larga historia de las guardias reales y permite comprender el origen y la tradición de los cuerpos de alabarderos que han llegado hasta nuestros días.
Nuestra recreación histórica
En Héroes del Revellín recreamos diferentes aspectos de las tropas y de la sociedad del siglo XVI, tomando como referencia la documentación histórica disponible.
Nuestra indumentaria y nuestro armamento buscan reproducir, dentro de las posibilidades de la recreación histórica, elementos propios de la época: alabardas, picas, armas de fuego, protecciones, vestimenta y otros complementos.
No pretendemos únicamente representar una batalla. Nuestro objetivo es mostrar cómo eran estas personas, cómo vestían, qué armas utilizaban y cuál era su función dentro de la sociedad de la época.
Por eso nuestra actividad incluye desfiles, guardias, recreaciones de combates, explicaciones de armamento, actividades educativas y encuentros con el público.
La indumentaria
La indumentaria es uno de los elementos fundamentales de nuestra recreación.
Los colores, tejidos, cortes de las prendas, protecciones, parlotas, capelinas, morriones y otros elementos de la indumentaria permiten recrear visualmente el ambiente del siglo XVI y ayudan al público a comprender cómo podía ser la apariencia de los hombres y mujeres de aquella época.
En nuestras actividades prestamos especial atención a estos elementos porque consideramos que la recreación histórica no consiste únicamente en vestir un uniforme, sino en comprender y explicar el contexto histórico que representa.