La encamisada fue una de las acciones de combate más características de la guerra del siglo XVI. Basada en la sorpresa, la rapidez y el conocimiento del terreno, consistía en realizar una incursión contra las posiciones enemigas, normalmente durante la noche o al amanecer.
El nombre procede de una de sus características más reconocibles: los soldados podían llevar una camisa blanca sobre el resto de su indumentaria, lo que facilitaba distinguir a los propios compañeros en medio de la oscuridad y el desconcierto del combate.
Saqueo del campamento enemigo durante la encamisada.
Una acción basada en la sorpresa
La encamisada no era una batalla convencional. Se trataba de una acción rápida en la que un grupo reducido de hombres se aproximaba a las posiciones enemigas aprovechando la oscuridad y el factor sorpresa.
Los participantes solían llevar un equipo ligero para poder moverse con rapidez. El objetivo podía ser atacar puestos de vigilancia, provocar confusión en el campamento, destruir o inutilizar material y retirarse antes de que el enemigo pudiera reorganizarse.
¿Cómo se desarrollaba una encamisada?
La encamisada no buscaba entablar una batalla campal a campo abierto, sino realizar un golpe rápido y preciso contra las posiciones enemigas, aprovechando la oscuridad, la sorpresa y la rapidez de los atacantes.
Para este tipo de acciones se recurría a hombres experimentados y capaces de desenvolverse con rapidez y discreción. El equipo debía ser lo suficientemente ligero como para facilitar los movimientos durante la incursión y la posterior retirada.
- Aproximación en sigilo: el grupo avanzaba aprovechando la oscuridad y procurando evitar las patrullas y puestos de vigilancia hasta alcanzar las posiciones enemigas.
- Ataque y sabotaje: una vez dentro del campamento, se podían atacar los puestos de vigilancia, provocar la confusión y destruir o inutilizar material y posiciones. Entre las acciones atribuidas a este tipo de incursiones se encuentra el llamado «clavado de cañones», que consistía en inutilizar una pieza de artillería introduciendo un objeto metálico en el oído del cañón.
- Retirada rápida: después de cumplir el objetivo, los atacantes emprendían la retirada antes de que el enemigo pudiera reorganizarse y responder con todas sus fuerzas.
Protegiendo la retirada.
La encamisada se basaba en la rapidez y en el factor sorpresa. Una vez alcanzado el objetivo, los participantes debían abandonar rápidamente la posición antes de que el enemigo pudiera reaccionar y organizar una respuesta.
¿Por qué se llamaba encamisada?
En los combates nocturnos era difícil distinguir a unos hombres de otros. La ausencia de uniformes militares como los que conocemos actualmente hacía todavía más complicado reconocer a los compañeros en medio de la oscuridad.
La camisa blanca podía servir como elemento de identificación. Sobre ella se llevaba el resto del equipo necesario para la acción, pero su color permitía reconocer con mayor facilidad a los integrantes del grupo durante el ataque y, especialmente, durante la retirada.
La encamisada y el Sitio de Logroño de 1521
El Sitio de Logroño de 1521 forma parte del contexto histórico que recreamos en Héroes del Revellín. Durante aquel verano, las tropas dirigidas por André de Foix, señor de Asparrot, sitiaron la ciudad dentro de la ofensiva franco-navarra que pretendía recuperar el reino de Navarra.
Durante mucho tiempo, algunos relatos populares han atribuido a los defensores de Logroño diferentes acciones nocturnas contra el campamento atacante. Sin embargo, la investigación histórica reciente sobre el sitio ha revisado varios episodios tradicionalmente asociados a la defensa de la ciudad.
Lo que sí está documentado es que el ejército atacante abandonó el campamento el 10 de junio de 1521, ante la llegada de las tropas de socorro dirigidas por el conde de Haro. El asedio terminó y las fuerzas de Asparrot se retiraron.
Una tradición que forma parte de nuestra recreación
La encamisada forma parte también de la recreación histórica que realiza Héroes del Revellín. Durante nuestras actividades, especialmente en la recreación del Sitio de Logroño, representamos este tipo de incursión para explicar al público cómo podían desarrollarse las acciones nocturnas y las operaciones de sorpresa en la guerra del siglo XVI.
La escena combina movimiento, oscuridad, desconcierto y rapidez, elementos que permiten comprender de una manera visual una forma de combate muy diferente a la de una batalla abierta.
La encamisada es, en definitiva, un buen ejemplo de cómo la astucia, la sorpresa y la rapidez podían desempeñar un papel importante en las operaciones militares del siglo XVI. Hoy nos permite acercarnos a una forma de combate que forma parte de la historia militar de la época y trasladarla al público mediante la recreación histórica.